Ficción
La Partera
Una partera humana atiende un nacimiento alienígena.
Autor: Paynalton
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-Por favor!!! debe haber algo que se pueda hacer!!! -No, lo siento mucho. En este planeta todos somos ovíparos, no contamos con el equipo ni el conocimiento suficiente. -En verdad no hay nadie que sepa aunque sea un poco?? -Aquí no. Tiene que llevarla al hospital para alienígenas que se encuentra en la capital, en el distrito de las embajadas. -Eso está a casi un día de distancia!! No lograremos llegar!! -Lo siento en verdad, me gustaría poder hacer más.
El Teserita miró al doctor con furia, pero al ver como su plumaje se teñía con los colores de la desdicha sincera entendió que en verdad no había nada que hacer y se forzó a guardar la calma.
Mirando con desolación hacia todas partes, buscando algo, una pequeña esperanza, un milagro que pudiese salvar a su esposa que estaba a punto de parir prematuramente lejos de cualquier sanador para vivíparos. Toda la gente a su alrededor guardaba silencio y evitaban mirarle, pues seguramente habían escuchado toda la conversación.
Pero allá, en el fondo de la sala, un grupo de alienígenas charlaba y reía tranquilamente. Ya se había encontrado con ellos antes, cuando llegó con su esposa a este parque turístico. Le llamó su atención su falta de vello corporal y su piel marrón. “Humanos” le dijo uno de ellos cuando le preguntó el nombre de su especie. Por la noche, mientras su esposa dormía, leyó que estos eran mamíferos, bígamos y provenían de un mundo de…
-Mamíferos!!
Gritó sin darse cuenta, el doctor le miró contrariado.
-Esos de allí son mamíferos, cierto?? Tal vez tengan un sanador con ellos que nos pueda ayudar!!
-Sí, son humanos, uno de ellos se rompió unos huesos y está siendo atendido.
-Ellos!!, ellos pueden ayudar!!
-No!! Espere, no son humanos comunes, son LATAM…
Las palabras del doctor se quedaron en el aire, pues con dos saltos ya estaba a media distancia de ellos. Al verlo llegar con todo su pelaje erizado y los ojos enrojecidos por la excitación, los humanos callaron y se pusieron en guardia. De inmediato los más grandes entre ellos se pusieron al frente del grupo y las crías temerosas abrazaron a sus madres.
-Porfavor… No… No quiero…- Se dió cuenta de que los había asustado -Necesito… Mi esposa… Necesita ayuda… Nuestro hijo va a nacer…-
Aun alterados, uno de ellos habló para el grupo, al parecer traduciendo sus palabras. Ninguno de ellos pareció reaccionar o tranquilizarse. Estuvo a punto de llorar al ver que lo había arruinado cuando, de entre ellos, un humano de largos cabellos grises trenzados en dos gruesos cordeles que colgaban de su cabeza, con la piel tan desgastada que caía en pliegues por todo su rostro, se abrió paso entre ellos gritando y golpeando con una vara a quien se ponía enfrente. Nadie respondió a la agresión, sino que se apartaron respetuosamente de su paso hasta que llegó al frente del grupo.
Al llegar frente a él la humana dijo algunas palabras que él no entendió, no sabía que hacer hasta que el mismo que había traducido antes dijo: “llévanos”.
Sin pensarlo más movió sus púas en agradecimiento y fue por los pasillos del hospital hacia la habitación donde su esposa agonizaba. La humana caminaba muy despacio, apoyada en la vara que portaba como si fuese una tercera pata. A diferencia de los demás caminaba un poco encorvada, se veía más débil que el resto pero todos parecían respetarle y le seguían sin apresurarla, murmurando entre ellos (porqué venían todos?). Tras lo que pareció una eternidad, llegaron con su esposa que, cansada de gritar, ahora solo rizaba sus púas de dolor.
La humana se acercó y quitó todas las sábanas de encima de su esposa, dejándole desnuda. Miró por todas partes, al ver su vientre lo tocó, hizo presión en algunas partes y vió en dónde su esposa gritaba más de dolor, miró fíjamente su cloaca de expulsión y miró en silencio por unos momentos.
Cuando estaba a punto de preguntarle si podía hacer algo o cuanto le cobraría por su ayuda, la mujer empezó a gritar a sus acompañantes lo que parecían órdenes. Algunos salieron de la habitación apresuradamente para traer bandejacon agua, telas limpias, cuchillos, alcohol?. A los demás la humana los golpeó con la vara hasta que salieron de la habitación y se quedaron afuera, mirando todo lo que pasaba dentro.
Mientras reunían cosas alrededor de la humana, esta se subió sobre la esposa y, ante el horror de el doctor y el esposo presentes, comenzó a clavar la parte roma de uno de sus brazos en el vientre, causandole un terrible dolor que le hacía gritar y agitar las patas. Sudorosa y visiblemente agotada la humana descendió y gritó algo al traductor.
-Tienes que pujar- Le dijo a la adolorida madre. -Usted, póngase a su lado y sostenga sus… Patas??… Lo que sea que ustedes hagan para apoyarse mutuamente- le dijo al esposo.
Él se puso a lado de su esposa y suavemente la pinchó con sus púas de apareamiento mientras ella pujaba al ritmo que la humana le indicaba.
Todo pasó como si fuese un sueño. Con el más terrible alarido que jamás hubiese escuchado su esposa expulsó el saco natal. En un hospital este habría entrado suavemente en una cápsula neonatal donde un sistema automático habría hecho todo lo necesario para que su hijo naciera, pero aquí…
La humana recibió el saco con sus propias manos y hundiendo sus dedos rompió la membrana para sacar al neonato. Con increíble habilidad cortó los tres cordones y los ató con un hilo que habían sumergido en alcohol, limpió todos los fluídos con tela empapada de agua tibia y despejó sus ductos de respiración aspirando con su propia boca y escupiendo en un balde. El doctor salió apresuradamente de la sala y en la lejanía se le escuchaba vomitar, debe haber sido su primer nacimiento vivíparo, al menos sin cápsulas neonatales. Pero la humana parecía haber hecho esto muchas veces, los demás humanos le veían con admiración, y ahora él también.
Cuando terminó, envolvió al nuevo ser en una tela tan apretado que solo podía mover su cabeza y sus ojos, lo llevó hasta ellos y se los entregó cual si fuera un obsequio.
–EPILOGO
Como es costumbre en los LATAM se hizo una gran fiesta para celebrar el nacimiento.
La pareja regresó a su planeta con su hijo, el cual recibió el nombre honorífico “Pequeño Juan” otorgado por los LATAM
El gobierno federal autorizó la compra de cápsulas neonatales vivíparas para todos los hospitales del planeta y prohibió bajo pena de deportación y el pago de daños tanto materiales como culturales toda fiesta LATAM en el futuro.