Ficción
Susurros en la Oscuridad
Una habitación y sus objetos recuerdan la Revolución mexicana.
Autor: Paynalton
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Por Paynalton
“Si un tronco cae por un barranco y no hay nadie que lo escuche no producirá ningún ruido. Pero si el pasado susurra en el olvido ¿Seremos capaces de recordarlo?”
El cuarto sin puertas ni ventanas de aquella vieja casa es donde el tiempo no se detiene ni avanza hacia delante o atrás. Tímidos los segundos piden permiso para entrar y se acomodan por siempre en horas, días, meses. Tristes los años contemplan la oscuridad que les aprisiona entre las cuatro paredes y la luz, fiel compañera del presente, ha perdido ya la esperanza de volver a acariciar con su manto aquellas paredes enmohesidas que sirven de lazarillo a las décadas que envejecen sin morir jamás.
Hace ya mucho tiempo que el viejo piso de madera dejó de acumular polvo y de sentir sobre sí el peso de aquel hombre que soñaba y esperaba. Hace ya mucho tiempo que dejó de rechinar por algo más que un recuerdo atrapado entre sus maderas, tratando de salir. A veces el suspiro del ayer no puede ser contenido y surge de su escondite declamando sus recuerdos con firmeza. En esas ocaciones se escuchan pasos entrando por lo que otrora fuese una puerta.
Aquellos pasos, a veces tranquilos y relajados, se dirigían hacia la silla con algún periódico o un libro entre manos, o simplemente iban en busca de un lugar tranquilo donde pensar y reflexionar. Esos pasos a veces eran rápidos y emocionados al traer entre las manos un fajo de cartas recién recibidas desde algún lugar muy lejano.
Entonces la silla de madera cruje y se estremece ante el peso imaginario de sus recuerdos. El hombre se sienta sobre ella varias horas leyendo las cartas una y otra vez para no perder ningún detalle, para entender la filosofía y la razón de las ideas de su viejo amigo, ahora exiliado en el norte por sus ideales de justicia, razón y libertad.
El escritorio empolvado entonces comienza a recordar también, recuerda los trazos dibujados sobre hojas de papel que se ponen a secar y se sobreponen una a otra en aquellas contestaciones interminables. Puede recordar levemente las discusiones por correo sobre lo que es justo, lo que es correcto, lo que pudiera ser y lo que está mal en este país. Luego las hojas son apresadas dentro de un sobre que viajará hacia el norte, más allá de la frontera en busca de su destinatario que con la misma alegria espera su llegada.
Pluma y tintero despiertan en ocasiones de su letargo recitando entre sollozos de tristeza lo que recuerdan de la última carta escrita:
-Ha llegado el momento- se les escucha decir en voz muy baja - Madero ha llamado al pueblo a las armas, ¡Ha comenzado la Revolución que tanto esperábamos!.
Bajo el grito de “Sufragio efectivo, no reelección” el pueblo comienza a organizarse y levantarse en armas, sin embargo me he dado cuenta de que la mayoría de las personas no sabe a ciencia cierta porqué pelean ni que harán una vez que el dictador sea derrocado.
Es por ello que debes volver Praxedis, debes regresar de tu exilio en el norte y unirte a la revolución para aconsejarla y guiarla por el camino correcto. Sé que tu nombre no es muy conocido, pero tus ideas serán escuchadas y ayudarán a formar una nueva nación, por fin podrémos ver el México que siempre soñamos.
Te esperaré aquí, cuando tú y tu tropa lleguen a Guanajuato me uniré a ustedes y los seguiré hasta que el dictador sea derrocado y el nuevo gobierno acepte las ideas que defendemos.
Por favor amigo, no tardes, te estaré esperando-
Colgando de la pared, dos pistolas y una cartuchera esperan pacientemente la promesa que les fue hecha el día que llegaron a la habitación. Con esperanza repiten entre ellas las palabras de aquel hombre cuando les colgó de la pared, soñando y esperando que llegase ese momento.
- cuando llegues Praxedis, con estas pistolas te seguiré a la revolución-
Colgando también de la pared, una vieja fotografía sumida en la oscuridad ha olvidado por completo los rostros y los nombres de las personas que sobre ella se dibujaban ante la luz. Pero aun recuerda las manos firmes que le sostenían en ocasiones y le llevaban por los aires. Recuerda el rostro reflejado sobre su cristal que poco a poco se llenaba de arrugas con unos ojos que con el tiempo tornaban de la esperanza a la melancolía. Las manos alguna vez firmes y decididas se vuelven temblorosas y torpes, entonces la fotografía no resiste mas y exclama un sollozo de locura mientras repite una y otra vez la misma frase que aquel hombre pronunciaba antes de colgarle de nuevo en la pared:
-Praxedis, ¿Dónde estás?-
El aire que añora una leve brisa, un simple suspiro, que extraña al viento, la lluvia y la luz no soporta más su soledad y se arremolina sobre sí mismo abrazándose y meciéndose, levantando pequeñas motas de polvo que con delicadeza coloca sobre todos los objetos de la habitación, esperando que alguno de ellos pueda cobrar vida y juegue con él.
El suelo, sintiéndose despojado, despierta entre gritos, se flajela a sí mismo, retumbando con los pasos de las últimas personas que le pisaron y le abandonaron para no siempre.
Entonces el aire rompe en llanto repitiendo nuevamente aquella última conversación:
-Praxedis murió hace mucho, lo mató la primera bala de la revolución-
-¿Y los demás?… ¿Aun viven?-
-Algunos aun vivimos. Pero la mayoría ya no recordamos porque ni por quien peleamos… se extraña a Praxedis-
Las paredes entonces se retuercen de agonía, gritan, lloran, se atormentan recordando cada tabique, cada cucharada de cemento que selló la única puerta desterrando para siempre toda luz y todo recuerdo, toda realidad.
Todos recuerdan el rostro del hombre que poco a poco fue sellando la habitación dejando un último rastro de luz que no pudo escapar y murió sumiéndoles en la oscuridad. No era ya el rostro de un soñador, se había convertido en los últimos años en el rostro de alguien que había perdido toda esperanza; el rostro de alguien a quien la vejez le sorprendió en una espera demasiado larga; el rostro de alguien que quiere olvidar el pasado, dejarlo todo atrás esperando que el tiempo le perdone.
Un repentino golpe hace callar los susurros del recuerdo. Es un sonido nuevo, diferente, cargado de auténtica realidad.
Un nuevo golpe y otro más, la tierra de los tabiques huye tratando de escapar y corre por el suelo quien aguarda espectante y ahoga su grito de dolor cuando sobré él cae un tabique herido que no pudo sostenerse más de la pared.
Un haz de luz entra por el hueco devolviendo a cada objeto un poco del color que habían olvidado.
El aire del interior, viejo y rancio, se encuentra con el viento quien trae de la mano al aire del exterior, fresco y joven. En remolinos se saludan, se besan, se abrazan, hacen el amor siguiendo una danza invisible y silenciosa.
La madera cruje al sentir sobre sí por primera vez la plástica suela de un tenis. Ambos chicos se asombran de lo encontrado al otro lado del hueco por el que han pasado.
-¡Cielos!… todo esto parece de tiempos de la revolución-
-…-
-¿Porqué tu abuelo habrá sellado este cuarto?-
-No lo sé, cuando yo era niño y le preguntaba cosas sobre esa época para mis tareas de la escuela solo se enojaba y me corría de la casa-
-Esos de la foto, ¿Quienes son?-
-Uno es mi abuelo, el otro parece Flores Magón, el tercero no se quien será-
El aire viejo, cargado de humedad y de recuerdos se detiene por un instante y en un tenue silbido pregunta antes de partir hacia su libertad:
“¿Ha triunfado la Revolución? ¿Ya no hay ninguna persona con el corazón corrompido gobernando a los mexicanos? ¿Las personas valen por lo que son y no por el dinero que tienen? ¿los ricos ya no explotan a los pobres con deudas impagables? ¿Es México un país libre en donde las ideas pueden viajar sin miedo a la muerte?”
Tanto el viento como el aire fresco guardaron silencio.
-Hay que sacar todo de aquí antes de que vengan los del banco a embargar la casa-
-¿Crees que nos den algo si empeñamos estas pistolas?-
-No lo suficiente para pagar la deuda-
FIN