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Ficción

Sayula III

Carrera galáctica y motivaciones culturales de distintas especies.

Autor: Paynalton

Publicación: 2025

Publicación original

¿Qué es lo que lleva a una especie a superar su propia naturaleza, construir civilizaciones, expandirse por el universo e incluso trascender al espacio-tiempo?

La respuesta a esta pregunta es muy variada, pues diferentes especies tienen diferentes razones. Podemos ver, por ejemplo, a la mente colmena Irrakian que tiene como propósito infectar a todas las formas de vida conocidas con el noble objetivo de traer paz y felicidad a la galaxia porque, si todos obedecen a la gran mente, no hay razón para pelear y todos son felices una vez que abandonan su libre pensamiento. O bien veamos a los curiosos Benandianos, cuyo único propósito en la vida es sembrar pacíficamente una flor de Benan en cada planeta existente porque su dios se los pidió con un propósito que solo los altos sacerdotes conocen.

Aunque debemos aceptar que hay algunas especies que tienen razones más banales, como el orgullo. Un claro ejemplo de esto es el Imperio Albión, cuyo orgullo les lleva a querer ser los mejores en todo lo que hacen, ya sea en preparar una comida o disparar un cañón, para todo desean ser los mejores y, más importante aún, que todos sepan que lo son.

No es de extrañar que fuese una nave albiona la primera en dar la vuelta a la galaxia, y lo más impresionante es que no se trataba de una nave FTL, sino de una simple nave generacional comandada (al principio) por el orgulloso Capitán Drakis France quien, como sucede en toda nave generacional, no sobrevivió al viaje.

Cuando la nave regresó de su viaje siglos después de partir hacia lo desconocido, se hicieron grandes festejos, se construyeron estatuas para los pioneros, se repartieron títulos nobiliarios, se pintaron cuadros heroicos y se cantaron canciones en honor a los viajeros. Por supuesto, nadie cuestionó la utilidad de un viaje generacional alrededor de la galaxia con la única finalidad de regresar al mismo lugar del que se partió y, si alguien lo hizo, seguramente no fue escuchado.

Durante varios años fue complicado lidiar con el orgullo de los albiones, pues cualquier charla casual con un albión terminaba de alguna manera en la narración de aquel viaje y, ocasionalmente, con algún albión cantando el Himno Imperial con gran pasión. Los Inckis usaban la palabra “Mana llamk’achina” para referirse a los albiones de orgullo exacerbado, lo cual significa algo parecido a “Aquel del que no se puede extraer leche”.

Ante el constante rechazo por parte de otras especies al orgullo albión, el Imperio Albión decidió organizar una carrera usando veleros solares alrededor de todo el sistema trinario de Albión, e invitaron a todas las especies de la galaxia a participar. Así, quedaría demostrado ante todos que los albiones eran los mejores navegantes estelares de la galaxia y nadie volvería a cubrirse los oídos y arrastrarse por el suelo en agonía al escuchar el Himno Imperial de Albión.

Muchas especies acudieron a la convocatoria, en especial las originarias del Brazo de Perseo que fueron de las primeras en descubrir el viaje FTL y contaban con una larga tradición naval estelar, por no mencionar las ganas de cerrar las tres bocas de los albiones de un puñetazo.

Curiosamente, una única especie del Brazo de Orión asistió también: los humanos. Esto causó risas y admiración porque, siendo sinceros, era una especie que apenas acababa de descubrir el vuelo FTL y, según se corrió el rumor, jamás usaron veleros solares pues en su planeta abundaban los combustibles fósiles y preferían atar cosas a cohetes y lanzarlas a toda velocidad.

Las risas se multiplicaron cuando, apenas llegaron a Albión, los humanos empezaron a buscar un velero solar de segunda mano y se inscribieron a un curso intensivo de cómo usar veleros solares. Los noticieros locales agregaron una sección llamada “¿Qué están haciendo los humanos?” para dar a su audiencia un poco de humor antes de pasar a la sección de política.

Así, inició la carrera, con grandes apuestas sobre la victoria de los Frankoize, los Norwandos y, claro está, sobre los albiones. Mientras que sobre los humanos estaba la atención de curiosos y burlones, quienes no tardaron en inventar chistes e ilustraciones humorísticas.

Sayula III era el nombre de aquel velero. Para diversión de todos y sorpresa de nadie, los humanos tuvieron problemas apenas iniciar y se quedaron en último lugar en el primer día de la carrera. Sin poder desplegar en ángulo adecuado sus velas, sin aprovechar las ráfagas de viento solar, el velero apenas podía avanzar y muchos apostaron por cuánto tiempo tardarían en solicitar una nave de rescate.

La preocupación creció cuando las naves tuvieron que atravesar por entre los tres soles. Nadie que no sea experto navegante debería jamás atreverse a ello, las olas de partículas de plasma, la terrible radiación y las explosiones magnéticas repentinas son una sentencia de muerte. La nave Gran Albión II (Albión) fue la primera en cruzar, seguida de Pequeño Luis (República Frankoize) y la Cóndor Caliente (Albión). Otros veleros también lo lograron, pero tenían tantos daños que tuvieron que retirarse de la carrera.

En cuanto a los humanos, todos esperaban la noticia de su lamentable destrucción hasta que, de pronto, Sayula III surgió de entre el caos, visiblemente dañada. Su capitán, de nombre Ramón Carlín, informó que tenían graves daños, pero continuarían la carrera haciendo reparaciones en el camino.

Al llegar al borde del sistema, el débil viento solar hizo que los veleros viajaran más lento. Tauranga II (Nueva Landazan) tuvo que retirarse de la carrera y ser remolcada de regreso, pues quedó varada en una zona oscura del sistema.

Tras salir de las tormentas solares, Sayula III dejaba rastros de chatarra que al parecer los humanos estaban desechando desde la esclusa, al parecer aligerando el peso, y las velas fueron reconfiguradas a una forma triangular que nunca nadie había visto, en una posición que no aprovechaba en nada la fuerza del viento solar, o eso decían los expertos. Pero la verdad es que entre más se alejaba de los soles, más rápido viajaba el velero. La nave humana cruzó el borde del sistema a tal velocidad que dejó atrás a todos los navíos del Brazo de Perseo y se posicionó en tercer lugar en la carrera, solo detrás de los dos poderosos navíos albiones, Gran Albión II y Aventura, los favoritos para ganar la carrera.

Ya solo quedaba el retorno a Albión y las naves albionas estaban muy adelantadas, el resultado parecía definido. Sin embargo, los humanos de forma repentina viraron hacia Janeiro, el gran gigante gaseoso del sistema Albión. Todos se preguntaron si acaso los humanos habían decidido suicidarse como parte de algún ritual. Sayula III aceleró a causa de la gran fuerza gravitacional del planeta pero, en vez de estrellarse, pasó de largo gracias a un preciso movimiento de la vela, esquivando al planeta y posicionando a la nave en el primer lugar de la carrera.

Todo el Imperio Albión guardó silencio cuando la nave humana fue la primera en atracar en el puerto espacial; los millones de turistas del Brazo de Orión, en su mayoría humanos, celebraban con gritos y fluidos la victoria, otras especies compartían el júbilo totalmente anonadadas.

Un reportero se acercó al capitán humano y preguntó: “¿Qué le llevó a querer participar en la carrera y ganarla?” El humano que sostenía su trofeo, visiblemente agotado y con su piel quemada por la radiación, respondió:

“Solo queríamos saber si podíamos hacerlo”

Y esa, querido lector, parece ser la única razón que impulsa a los humanos a viajar por las estrellas. Demostrarse a si mismos, no a otros, que son capaces de grandes hazañas.

Epílogo: Aunque la carrera se ha seguido realizando cada cierto tiempo, ningún navío del Imperio Albión jamás la ha ganado.

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