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Ficción

Legado

Una estatuilla y las artes sirven para explorar el legado de la humanidad.

Autor: Paynalton

Publicación: 2025

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Aquella figura dorada siempre le pareció fascinante, cautivadora y, a la vez, enigmática. Ahora que podía ver de cerca aquella estatuilla y contemplar sus detalles, era muy claro que representaba a una criatura bípeda, totalmente erguida, que sostenía algo entre sus dos manos. En cada extremidad parecía tener, de forma simétrica, cinco dedos, tanto en manos como en pies y, aunque aquella figura no lo revelaba por completo, las cavidades en su cabeza indicaban que tenía dos ojos y una boca.

¿Qué clase de criatura era aquella? ¿Por qué le hacía sentirse tan nostálgico? ¿Por qué al sostenerla sentía una cierta paz?

—Si sigues mirando tu premio tan profundamente, todos creerán que la fama te ha vuelto loco —dijo una voz familiar a sus espaldas, que se aproximaba relajadamente sosteniendo dos copas de bebida espirituosa—. Aunque no te culpo, no todos los días se gana un Premio Óscar; estás en tu derecho de enloquecer si quieres.

Agitó sus púas con alegría ante la broma y aceptó la copa que su amigo le ofrecía.

—Jejeje, gracias. En realidad estaba pensando acerca de la criatura que representa… La he visto en otras partes, como símbolo de diferentes artes, pero hasta ahora no me había preguntado realmente qué clase de criatura es esta, por qué se usa como símbolo. No conozco ninguna especie de la galaxia que se le parezca.

—Oh, vaya, es una lástima que en las escuelas de arte no les enseñen ese tipo de cosas. Aunque bien no es necesario para su labor, es triste que el recuerdo de los humanos se pierda en el tiempo.

—¿Humanos?

—Bien —dijo, poniéndose cómodo en un rincón e invitándole a hacer lo mismo—, ya que acabas de ganar el Premio Óscar a mejor director y, dado que soy tu amigo y, debo recalcar, historiador titulado con doctorado en culturas antiguas, es mi deber contarte sobre la historia de la criatura que está en tu premio.

Bueno, no te contaré la historia de “El Indio Fernández”, que es el nombre del humano a quien representa esa figura; esa charla la dejaremos para otro día. En vez de eso, te contaré sobre los humanos.

Verás, hace miles de años la galaxia era un lugar salvaje y despiadado. No pienses mal: la naturaleza es así. Las especies compiten por recursos, se multiplican, se extienden y no entienden de paz, comercio o guerra; solo buscan la supervivencia de su especie, y no importa si extinguen a otra o son extinguidas: ese es el orden natural de las cosas.

Sin embargo, hubo una especie que desafió su propia naturaleza. Crearon mecanismos como el comercio para poder compartir recursos sin necesidad de arrebatarlos, la diplomacia para evitar conflictos e, incluso, leyes que dominaban la guerra, a la cual consideraban un arte. Pero la verdadera joya de la humanidad, su más grande legado a la galaxia y, me atrevería a decir, a todo el universo, fueron las siete artes: arquitectura, pintura, escultura, música, literatura, danza y tu especialidad, amigo mío, el cine.

Las artes fueron la manera en que la humanidad extrajo lo mejor de sí misma y, gracias a ello, construyeron una hermosísima y grandiosa civilización cuyos restos siguen maravillando a los arqueólogos por su refinamiento y pasión. ¡Cada aspecto de la civilización humana estaba envuelto en las siete artes! ¡Cada suspiro de los humanos exhalaba un poema¡, ¡Una tonada!, ¡Un pensamiento!, ¡Una… —Carraspeó avergonzado—. Discúlpame, me emociona hablar de los humanos.

Cuando la humanidad comenzó a viajar por las estrellas, se encontró con nuestros antepasados y, como tenía que suceder por naturaleza, la hostilidad hacia ellos fue inmediata. Sin embargo, ellos no respondían con hostilidad como lo habría hecho cualquier otra especie; a veces llegaban con regalos, ofrendas a cambio de nada, ofrecían amistad, paz. Aprendían los lenguajes de nuestros ancestros para poder comunicarse, dialogar, negociar.

Así hicieron con cada civilización que encontraban a su paso. Nos enseñaron a negociar, a comerciar, a dialogar e incluso nos enseñaron a hacer guerras y seguir sus reglas. Hasta las civilizaciones hostiles a ellos aprendieron sus modos, su política, su forma de hacer las cosas. La influencia de la humanidad no tuvo límites.

Los humanos nos enseñaron no solo a vivir en paz, sino a disfrutar de esa paz. Nos enseñaron a cantar, a bailar, a reír, a apreciar la vida. Las siete artes fueron legadas a nuestros antepasados como un regalo de la humanidad.

—¿Y qué pasó con ellos? ¿Por qué nunca he conocido a ningún humano?

—Eso es un misterio. Tal vez se extinguieron, se fueron, se escondieron; incluso hay quienes aseguran que los humanos alcanzaron la iluminación absoluta y trascendieron a otro plano de existencia. Solo hay mitos sobre su desaparición.

Pero lo que es cierto es que su legado, sus artes y todo lo que nos enseñaron permanece y permanecerá con nosotros por siempre. Aunque todos lo olviden, su obra sigue viva. Cuando encontramos nuevas civilizaciones, las contactamos y les enseñamos el camino de la paz, tal como ellos nos enseñaron a nosotros. Jóvenes como tú mantienen vivas las siete artes.

Lo que sea que les haya pasado, los humanos nunca desaparecerán por completo, pues su legado vive en nosotros.

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